En sectores como la producción de vidrio, donde las temperaturas superan los 1600 °C, la elección del refractario adecuado no es solo una decisión técnica —es una inversión estratégica. Las altas temperaturas y la exposición a vapores corrosivos hacen que muchos materiales se degraden rápidamente. Aquí es donde entra el ladrillo refractario de cromo-zirconio-alúmina de alta pureza, un material diseñado para soportar condiciones extremas sin comprometer su integridad.
Este ladrillo presenta una estructura microcrystallina densa con una porosidad inferior al 12%, lo que reduce significativamente la infiltración de gases corrosivos. Sus propiedades clave incluyen:
La empresa Zhengzhou Rongsheng Refractory Co., Ltd. ha integrado procesos de fabricación automatizados con control de calidad ISO 9001 y certificación CE. Además, ofrecen servicios personalizados para aplicaciones específicas, desde hornos de reciclaje hasta sistemas de fusión de vidrio plano. Su equipo técnico trabaja directamente con clientes en Europa, América Latina y Oriente Medio para ajustar composiciones según el tipo de vidrio y ciclo operativo.
Un cliente en Colombia, una planta de vidrio plano de 20 MW, reportó una reducción del 40% en costos de mantenimiento tras cambiar a este refractario. Antes, necesitaban reemplazar los ladrillos cada 6 meses; ahora, con el mismo material, duran más de 12 meses sin pérdida de eficiencia térmica. “Es como si hubiéramos invertido en una solución de alto rendimiento, no solo en un producto”, comentó el ingeniero jefe.
Los datos respaldan esta transformación: el coeficiente de expansión térmica lineal es menor a 0.00004 /°C, y la resistencia a la compresión supera los 150 MPa. Estas cifras no solo garantizan funcionalidad, sino también seguridad operativa en entornos industriales críticos.